Pascua Dolorosa: memoria viva de la represión y la fe comprometida

EL sacerdote jesuita José María Blanch S.J, protagonista y testigo directo de uno de los episodios más duros de la historia reciente del Paraguay, habló sobre la llamada “Pascua Dolorosa” de abril de 1976. Entrevista realizada en el programa «La Tarde Contigo» conducido por Luis Fernando Ibañez .

 

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La represión de 1976: “Mucha gente la pasó muy mal”

El sacerdote recuerda ese tiempo como “un momento de mucha represión”, en el que el régimen utilizó acusaciones sin pruebas para justificar detenciones masivas.

“Se fueron recogiendo una cantidad de presos, de toda clase, y mucha gente la pasó muy mal”, afirmó.

La denominada Operación Política Militar (OPM) fue el argumento utilizado para perseguir a opositores reales o supuestos. Sin embargo, la represión no se limitó a dirigentes: alcanzó a campesinos, jóvenes universitarios y miembros de organizaciones sociales en todo el país.

“No se necesitaba hacer algo especial para ir a la cárcel. Cualquiera podía tener una acusación”, relató.

El saldo fue devastador: más de 1.500 detenidos, muchos de ellos sin juicio, en condiciones precarias y con graves violaciones a sus derechos fundamentales.

Ligas Agrarias y jóvenes: los más golpeados

Uno de los principales objetivos de la represión fueron las Ligas Agrarias Cristianas, organizaciones campesinas inspiradas en la teología de la liberación. También los jóvenes universitarios organizados fueron perseguidos sistemáticamente.

“Entre los grupos  más perseguidos estaban las Ligas Agrarias… y los jóvenes universitarios que estaban organizados”, explicó Blanch.

El testimonio evidencia cómo cualquier forma de organización social o comunitaria era vista como una amenaza por el régimen.

Jesuitas en resistencia: fe, riesgo y compromiso

La entrevista pone un énfasis especial en el papel de los jesuitas, quienes asumieron un rol activo en la defensa de los perseguidos. Desde la Pastoral Social, el padre Blanch coordinó acciones de asistencia a presos políticos y sus familias.

“Tuve que enfrentar la situación de muchísimos presos en todas las comisarías del país… hombres, mujeres, niños”, recordó.

Los jesuitas no solo acompañaban espiritualmente, sino que gestionaban ayuda concreta: alimentos, medicamentos y apoyo a las familias. Esta labor, sin embargo, no estuvo exenta de riesgos.

“Recibí amenazas… me dijeron que dejase de actuar de esta manera porque podía pasar algo”, contó.

Incluso existió una lista de sacerdotes de la Compañía de Jesús que debían ser expulsados del país.

“Había una lista de unos diez jesuitas… fueron expulsados poco a poco”, señaló.

El propio Blanch tuvo que esconderse temporalmente para evitar ser detenido.

La Iglesia organizada: una red de solidaridad

Frente a la represión, distintas iglesias cristianas se articularon para brindar ayuda humanitaria. Así nació el Comité de Iglesias para Ayudas de Emergencia, integrado por la Iglesia Católica, la Iglesia Evangélica Alemana y los Discípulos de Cristo.

“Se organizó esta institución para atender a los perseguidos políticos… porque no eran criminales de nada”, subrayó.

Este trabajo conjunto permitió asistir a cientos de personas privadas de libertad y documentar las violaciones a los derechos humanos. Las religiosas también jugaron un papel clave, especialmente en la atención a mujeres y niños en prisión.

 Cárceles, miedo y dignidad

El sacerdote relató sus visitas a la cárcel de Emboscada, donde cientos de campesinos y jóvenes permanecían detenidos sin juicio.

“Una vez por semana se les llevaba alimentos y medicinas… incluso se hizo vacunación contra un brote de tifus”, explicó.

La situación era angustiante: desapariciones, detenciones arbitrarias y un clima constante de incertidumbre.

“Uno no podía saber si alguien le había denunciado… y ya venía la policía”, recordó.

“Nunca Más”: la memoria como resistencia

Uno de los legados más importantes de este proceso fue la documentación de los hechos. A partir del trabajo del Comité, se publicó el libro Nunca Más, que recopila testimonios y listas de detenidos.

“Ahí aparecen las listas de todos los que fueron detenidos, dónde y cuándo”, explicó.

Para Blanch, la memoria histórica es fundamental para evitar que estos hechos se repitan.

“Esto hay que recordarlo… porque en cualquier momento aparece gente peligrosa que, si tiene poder, puede hacer mucho daño”, advirtió.

Una lección para el presente

La entrevista concluye con una reflexión que trasciende el pasado. La “Pascua Dolorosa” no es solo un episodio histórico, sino una advertencia vigente sobre los riesgos del autoritarismo y la importancia de la organización social. El testimonio del padre José María Blanch S.J. reafirma el papel de los jesuitas como actores comprometidos con la justicia, incluso en contextos de persecución. Su relato no solo reconstruye la memoria, sino que interpela a la sociedad actual a no olvidar. Porque, como él mismo sugiere, la historia no debe repetirse. Y para eso, recordar sigue siendo un acto profundamente necesario.

lunes, 13 de abril de 2026