Entrevista a la activista y sobreviviente Guillermina Kannonikoff, quién valoró como un paso importante la reciente sentencia contra tres ex policías acusados de torturas durante la dictadura. El fallo, relacionado con el caso del ya fallecido Domingo Rolón, impuso penas de 25 años para Eusebio Torres y Fortunato Laspina, y 20 años para Manuel Alcaraz, aunque deberán cumplirlas bajo arresto domiciliario debido a su avanzada edad. Entrevista realizada por Luis Fernando Ibáñez en el programa La Tarde Contigo.
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Un fallo histórico que reivindica la memoria
Kanonnikoff destacó el carácter histórico de la decisión judicial:
“Es un fallo histórico… son delitos aberrantes, delitos de lesa humanidad, que no prescriben”, afirmó, subrayando que la condena se logró “por unanimidad de las tres personas que integran el tribunal”.
Aunque expresó que hubiese preferido la pena máxima, reconoció el valor del proceso tras décadas de espera.
“Después de 50 años de haber ocurrido este tipo de acciones terribles, la justicia reconoce que el delito existió y quiénes fueron los responsables”, sostuvo.
Las pruebas del horror
La entrevistada recordó que la sentencia se apoyó en abundante documentación y testimonios que confirmaron las prácticas de tortura en el Departamento de Investigaciones.
Según relató, los testigos coincidieron en describir las condiciones en que fue visto Domingo Rolón:
“Lo vimos detrás de una puerta, en pantaloncito, con terribles torturas”.
Kanonnikoff también aportó su propio testimonio, relatando episodios vividos en 1977 cuando fue llevada nuevamente a declarar mientras estaba detenida y con su hijo pequeño.
“Yo los vi… y así tal cual como yo lo describo ahora, los testigos también repetían lo mismo”, explicó.
Estos relatos, sumados a los archivos disponibles, permitieron al tribunal confirmar la responsabilidad de los acusados como parte del aparato represivo del régimen.
El peso de la historia personal
Durante la conversación, Kanonnikoff compartió su propia experiencia como víctima directa del terrorismo de Estado. Detenida estando embarazada, dio a luz en prisión y sufrió torturas físicas y psicológicas.
Recordó uno de los episodios más duros:
“Torres me pegó delante de mi hijo que tenía ocho meses”.
También denunció las presiones para firmar declaraciones falsas:
“Primero trataban de que yo firmara papeles en blanco… después escribían lo que querían y querían que yo firmara eso”.
Su testimonio refleja el funcionamiento sistemático del aparato represivo y el impacto humano que aún persiste en las víctimas y sus familias.
Una justicia incompleta
A pesar del avance, Kanonnikoff manifestó sentimientos encontrados ante la decisión judicial.
“Me queda un sabor amargo, me hubiera gustado que sea la pena máxima”, expresó.
También cuestionó que los condenados cumplan sus penas en arresto domiciliario y reclamó medidas administrativas adicionales:
“Estas personas fueron pagadas por el Estado, no para que torturen, maten o hagan desaparecer”.
Para la activista, el proceso judicial debe ir acompañado de un reconocimiento institucional más amplio y de una condena moral y política de los hechos.
Memoria y educación para el “nunca más”
Uno de los puntos centrales de la entrevista fue la necesidad de fortalecer la memoria histórica como herramienta de prevención.
Kanonnikoff fue enfática:
“Lo primero que tiene que hacer una sociedad democrática es reconocer lo que ha pasado y educar a las nuevas generaciones para evitar la repetición de estos hechos”.
Insistió en que el Estado debe promover una formación cívica que fortalezca los valores democráticos y el respeto a los derechos humanos.
“Sin educación no se va a erradicar esto. Nos falta mucho en cultura cívica”, advirtió.
La lucha continúa contra la impunidad
Más allá de la sentencia, la entrevistada remarcó que el camino hacia la justicia plena aún no ha terminado. Convocó a mantener la vigilancia ciudadana y a continuar denunciando toda forma de vulneración de derechos.
Su mensaje final fue contundente:
“No solamente dictadura nunca más, sino luchar siempre contra todo tipo de injusticias”.
Y agregó:
“Nuestra tarea nunca va a terminar… vamos a seguir gritando y apelando al sentido de justicia hasta que el respeto a los derechos humanos sea una realidad cotidiana”.
La sentencia representa un paso importante en la búsqueda de verdad y reparación. Sin embargo, como recordó Kanonnikoff, el desafío de construir memoria, justicia y garantías de no repetición sigue siendo una tarea pendiente para toda la sociedad.



