La crecida del río Pilcomayo vuelve a golpear con fuerza a las comunidades del Chaco paraguayo. Nirma Servín, referente de pobladores ribereños de la zona del Pilcomayo, denunció la falta de mantenimiento de los canales, la desidia institucional y el impacto directo sobre la vida de cientos de familias. Entrevista realizada por Galo Bogarín en el programa Proyecto País.
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Desde una cama de hospital, afectada también por las consecuencias de la inundación, Nirma Servín describió una situación crítica que —según afirma— no es producto únicamente de la naturaleza, sino del abandono estatal.
“Sabemos cómo es el río Pilcomayo. El problema no es la lluvia, el problema es que no se hicieron los trabajos a tiempo”, afirmó.
Lluvias intensas y canales sin mantenimiento
Según explicó Servín, las lluvias abundantes registradas en el Chaco y en la cuenca alta del río, especialmente en Bolivia, eran previsibles. Sin embargo, los canales artificiales que permiten el escurrimiento del agua no recibieron el mantenimiento necesario.
“De casi 300 kilómetros de canales, solo se trabajó un poco en la embocadura y en General Díaz. El resto quedó totalmente abandonado”, denunció.
La acumulación de sedimentos, basura y arena redujo la capacidad del sistema, provocando desbordes como el ocurrido en la zona de Margariños, que tomó por sorpresa a varias comunidades.
“No fue una sorpresa, fue una consecuencia”
Para la dirigente ribereña, el desborde no puede calificarse como un hecho inesperado. Asegura que desde hace meses los pobladores venían advirtiendo sobre el riesgo.
“No fue una sorpresa. El canal ya no tenía capacidad. No hubo interés ni voluntad de escuchar a la gente que vive acá”, sostuvo.
Servín recordó que años atrás existía una organización más activa entre comunidades, gobernaciones y la Comisión del Pilcomayo, lo que permitía anticiparse a las crecidas. Hoy, asegura, esa articulación se perdió.
Disputas políticas y comunidades desamparadas
Otro de los puntos señalados fue la tensión entre los departamentos de Presidente Hayes y Boquerón, que, según Servín, termina perjudicando a los pobladores ribereños.
“Boquerón recibe toda el agua y toda la basura. Nadie nos escucha, estamos totalmente desamparados”, lamentó.
La entrevistada denunció que muchas comunidades quedan aisladas, sin caminos, sin acceso a medicamentos ni alimentos, y que incluso hay familias que las autoridades “ni siquiera saben si existen”.
Impacto social y productivo: “La gente lo pierde todo”
Las consecuencias de la inundación no se limitan a viviendas anegadas. La ganadería y la producción, principal sustento de la región, están gravemente afectadas.
“Los animales no tienen qué comer, las pasturas se pudren bajo el agua y la gente queda sin ningún ingreso”, explicó.
Servín relató que hay familias rodeadas por el agua, sin posibilidad de salir a comprar mercaderías o recibir atención médica, mientras pierden años de trabajo.
Millones destinados al Pilcomayo y pocas respuestas
Uno de los reclamos más duros apunta al manejo de los recursos económicos destinados al río Pilcomayo.
“Cada año se destinan millones de dólares para el mantenimiento, pero no se sabe qué pasa con ese dinero”, cuestionó.
Aseguró que existen documentos, licitaciones y contratos, pero que en la práctica los trabajos se hacen de forma parcial y tardía.
Responsabilidades señaladas
Servín fue directa al señalar a las autoridades responsables del manejo del río.
“El principal responsable es el director de la Comisión Nacional del Río Pilcomayo, Darío Rafael Medina, junto al Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones y las gobernaciones involucradas”, afirmó.
También cuestionó que las autoridades sobrevuelen la zona solo cuando la emergencia ya está desatada, en lugar de prevenir.
“No queremos asistencia, queremos trabajar”
Para cerrar, Nirma Servín dejó un mensaje claro sobre lo que reclaman las comunidades ribereñas.
“No queremos depender de nadie. Queremos trabajar, producir y ser autosuficientes. Lo único que pedimos es que se hagan los trabajos a tiempo y que nos escuchen”.
La crisis del Pilcomayo vuelve a exponer una problemática estructural que se repite año tras año en el Chaco, con consecuencias cada vez más graves para quienes viven a la vera del río.



