Democracia sin memoria: cuando el autoritarismo vuelve a presentarse como opción

Las recientes declaraciones del presidente de la Agencia Nacional de Evaluación y Acreditación de la Educación Superior (ANEAES), José Duarte Penayo, reabrieron un debate profundo y sensible en la sociedad paraguaya: el vínculo entre democracia, memoria histórica y autoritarismo. En el programa Proyecto País de Radio Fe y Alegría, el sociólogo e investigador Adilio Lezcano analizó críticamente estas afirmaciones y alertó sobre el peligro de naturalizar discursos que relativizan la dictadura stronista desde espacios académicos y estatales.

Alfredo Stroessner

Una democracia vaciada de contenido

Para Lezcano, el problema de fondo no se limita a una declaración aislada, sino a una crisis más profunda de la democracia liberal en Paraguay.

“Esta propuesta democrática que arrancó en la década de los 90 se vació de contenido político y dejó de lado la memoria histórica”.

Según explicó, si bien la democracia permitió hablar, denunciar y debatir, no logró resolver problemas estructurales como el acceso a la tierra, la educación de calidad o condiciones dignas de vida para amplios sectores de la población.

La promesa democrática quedó muy lejos de la realidad cotidiana de la gente, y eso genera desencanto”.

Ese desencanto, sostuvo, crea el terreno fértil para que resurjan discursos que reivindican el autoritarismo como una alternativa válida.

Numeros de victimas dictadura de Alfredo Stroessner

Extracto del Informe Final Comisión de Verdad y Justicia (CVJ). La CVJ fue creada por Ley de la Nación N° 2225/03 para investigar los hechos violatorios de los derechos humanos ocurridos en Paraguay desde 1954 hasta 2003.

El peligro de una democracia sin memoria

Uno de los ejes centrales del análisis fue la falta de memoria histórica y de justicia frente a los crímenes de la dictadura.

“Nunca pudimos hablar en serio de lo que pasó durante los 35 años de dictadura. Siempre se dice ‘eso ya pasó’, como si hablar dividiera”.

Lezcano recordó que en Paraguay no hubo un proceso profundo de verdad, justicia y reparación, como sí ocurrió en otros países de la región.

“La justicia nunca suturó esa herida. Nunca se cosió, nunca sanó”.

Esta ausencia de justicia facilita que nuevas generaciones no perciban la dictadura como una tragedia, sino como una opción política más.

La legitimación del autoritarismo desde la academia

Particular preocupación generó el hecho de que estos discursos provengan de quien hoy preside el organismo encargado de garantizar la calidad de la educación superior.

“Es muy peligroso que esto lo diga alguien vinculado a una institución que debe velar por la calidad de la educación superior”.

Para Lezcano, cuando un académico relativiza la dictadura, su palabra adquiere un peso simbólico que legitima ese discurso y desplaza los límites de lo socialmente aceptable.

“El discurso genera un clima cultural. Cuando lo dice un académico, ese discurso se legitima y empieza a correr el límite de lo permitido”.

Intelectuales, ética y educación como hecho político

Adilio Lezcano

Adilio Lezcano

El entrevistado cuestionó la idea de que la educación sea una cuestión meramente técnica o neutral.

“La educación es siempre un hecho político. Prefigura el tipo de sociedad que queremos construir”.

En ese sentido, advirtió que es posible ser un académico altamente formado y, al mismo tiempo, sostener posturas negacionistas respecto a los derechos humanos.

“Haber pasado por la Sorbona o por la UNA no garantiza una formación ética ni democrática. Depende del perfil que uno asuma”.

Aquí, Lezcano diferenció entre una educación orientada a la liberación y otra funcional a intereses económicos y políticos.

Calidad educativa sin democracia: una contradicción

Al referirse al modelo de evaluación vigente, Lezcano fue contundente:

“No es posible garantizar educación superior sin principios democráticos”.

Criticó que el concepto de calidad adoptado por la ANEAES esté centrado en la eficiencia de procesos, sin evaluar el tipo de ciudadano que egresa del sistema universitario.

“No se evalúa si estamos formando personas democráticas, con memoria, solidaridad y capacidad crítica”.

Para el entrevistado, una educación que no forme ciudadanía democrática termina siendo instrumental y funcional a modelos autoritarios.

Autoritarismo, desencanto y promesas de orden

Finalmente, Lezcano ubicó estas declaraciones dentro de un contexto político más amplio, marcado por la concentración de poder y el ajuste económico.

“Estos discursos emergen del descontento social ante una democracia que no responde a las necesidades urgentes de la gente”.

En ese vacío, explicó, resurgen narrativas que prometen orden y eficiencia, pero que en el fondo justifican la restricción de derechos.

“Es peligroso volver a pensar la mano dura como alternativa de gobierno”.

Memoria, democracia y futuro

Lejos de una discusión meramente académica, Lezcano insistió en que el debate sobre memoria histórica es clave para el futuro del país.

“Mientras no hablemos, mientras no sepamos qué pasó entre 1954 y 1989, no va a haber reparación ni una democracia sólida”.

Defender la memoria, concluyó, no es dividir, sino una condición indispensable para construir una sociedad verdaderamente democrática e inclusiva.

lunes, 26 de enero de 2026