María Teresa Izquierdo, del área juventud de Fe y Alegría en Perú, anfitriona y referente de juventudes, y Jessica Benítez, del área de Juventud de Fe y Alegría Paraguay, compartieron su mirada sobre el Congreso «La Educación popular en los márgenes del sistema». La entrevista fue realizada por el comunicador Luis Fernando Ibañez, en el programa «Estación Sur» de Radio Fe y Alegría, en Asunción, Paraguay.
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Un Encuentro con una pregunta: ¿Quién queda fuera?
Lima amanecía nublada y, cuando menos se esperaba, aparecía el sol. Algo parecido ocurrió en el Congreso Internacional de Fe y Alegría, que celebró su edición número 50 del 19 al 21 de octubre en Perú. Reunió a directores y referentes de más de 22 países, a comunidades religiosas y a jóvenes, en un ambiente que sus propios participantes describieron como una «fiesta» de encuentro. La Delegación de Paraguay, también tuvo una activa participación. Por tanto, detrás de la celebración había una pregunta seria: ¿Qué pasa con la educación en los márgenes del sistema? Esa pregunta fue el tema del encuentro, y quien mejor lo resumió fue María Teresa Izquierdo, referente de juventudes de Fe y Alegría Perú y anfitriona del congreso. Su equipo lo preparó desde el año anterior:
«Hemos estado trabajando desde el año pasado prácticamente para lograr hacer que este encuentro verdaderamente sea una fiesta para todos y todas, especialmente para los jóvenes que son realmente los que se merecen todo y por quienes nosotros y nosotras trabajamos, ¿no?»
Cuatro hermanos, un solo celular y distancias que no perdonan
Para los propios estudiantes, estar al margen no era una idea abstracta. Según Izquierdo, los jóvenes del movimiento señalaron que muchos de sus pares quedaban fuera por las posibilidades de estudio y por razones tecnológicas: falta de acceso a internet, ausencia de espacios adecuados y distancias enormes. En Perú, explicó, las distancias eran tremendas y la conectividad, escasa. La pandemia lo dejó en evidencia. Cuando hubo que estudiar de manera virtual, durante la pandemia del Covid -19, contó Izquierdo, el problema fue grande:
«Los chicos no tenían, contaban solamente con el celular de los padres y a veces son cuatro niños en casa. Entonces, ¿cómo se puede trabajar de esa manera?»
La respuesta, sostuvo, estaba en los maestros y maestras de Fe y Alegría, que en todas partes se las arreglaban para llegar a cada estudiante, con un criterio innegociable:
«Tiene que ser una educación de calidad en la medida de nuestras posibilidades, pero una educación de calidad porque es lo que se lo merece»
Más que lengua y matemática: ciudadanos con los pies en la tierra
Ante la pregunta por la educación que necesita América Latina, Izquierdo puso la lengua y la matemática como base, pero no se quedó ahí:
«También toda la formación humano espiritual. Yo creo que un chico bien formado, con los valores bien puestos, con esa actitud crítica participativa, realmente va a ser un ciudadano que responda a las necesidades de su país.»
Esa formación debía incluir una mirada sociopolítica, cultural y económica, para que los estudiantes supieran «sobre qué piso pisar» en países golpeados por situaciones políticas, económicas y sociales. Y su aspiración fue contundente:
No solo pedir: los jóvenes asumieron su parte
En Lima participaron 29 jóvenes en la delegación de juventudes, representantes de sus países, con una misión clara: volver a casa y compartir lo vivido para que siguiera creciendo el movimiento Generación 21 más. En Perú, además, cada institución educativa tenía su representante estudiantil. Eran 83 instituciones, y más de 200 si se contaban las redes rurales. Para Izquierdo, el congreso no era un punto final: «los congresos no se terminan, se continúan». Los resultados, advirtió, los tenían que dar los propios jóvenes:
«No solamente que ellos exijan, pidan, sino que también se pongan en el lugar que hacen ellos también para seguir construyendo juntos y juntas, con todos y todas, un país diferente, una realidad diferente, una educación diferente.»
Tocar la realidad para que interpele
El taller de la jornada invitó a aplicar los sentidos a la realidad, explicó la referente:
«Saber, escuchar, gustar, tocar la realidad para que nos interpele y podamos seguir sintiendo que también somos parte del compromiso conjunto de construir un mañana mejor.»
La comunicadora Jessica Benítez, de Fe y Alegría Paraguay, que cubrió el congreso para Radio Fe y Alegría desde Lima, aportó otra mirada. El encuentro se desarrolló en una casa de retiro en la zona de Comas, a unas dos horas de la capital, con más de 200 participantes, entre ellos representantes de futuras Fe y Alegrías emergentes de Asia y África. Benítez destacó que, más allá de la identidad de cada país, bastaba ver el corazón del movimiento para sentirse parte de una gran familia. Benítez lanzó además una advertencia que resonó con el tema del congreso:
«A veces nos preocupamos más por la inteligencia artificial, cuando hay mucha gente que todavía no está aprendiendo a escribir ni a leer, escribir por lo menos su nombre.»
Trabajar por los márgenes, recordó, exigía mirar más allá de la propia realidad.
Un mañana que se escribe desde los bordes
El mensaje que dejó Lima fue que la educación no se mide solo en aulas equipadas ni en conexiones veloces, sino en la capacidad de llegar a quien está más lejos. Y que los jóvenes, lejos de ser destinatarios pasivos, ya estaban planteando, cuestionando y proponiendo por dónde seguir. Izquierdo lo resumió en el deseo de que cada estudiante pudiera «seguir construyendo su propia historia, su propia vida».
